Una nueva secta de
"asesinos" para luchar contra el progreso, la libertad y la paz entre los pueblos
La
vieja secta islámica de los "asesinos" nace en plena Edad Media, y
durante las Cruzadas de la nobleza europea en Oriente Medio, supuestamente para
recuperar los Santos Lugares del Cristianismo, en realidad para controlar las
rutas comerciales entre Oriente y Occidente.
En
aquella época, el mundo musulmán también estaba dividido entre sunnies y
chiies, los chiies dominaban un gran territorio al oeste de Palestina, Egipto.
La dinastía chiita de Egipto, los Fatimies, se habían paulatinamente
debilitado, hasta el punto de que el Islam chii perdió su dominio de Egipto en
beneficio de los sunnitas. Para contrarrestar la decadencia del chiismo, un
seguidor de esta rama radicalizó sus posturas y organizó una secta aparte,
retirándose con sus seguidores a las montañas septentrionales de Irán, donde
conquistaron la fortaleza de Alamut, que pasará a ser su principal bastión.
Desde
allí, este renegado del Islam fraguará su venganza contra todos aquellos que, a
su ojos, habían hecho fracasar la causa del chiismo y, dentro del chiismo, y de
su particular visión del Islam. Se le empezará a conocer como el Viejo de la
Montaña, y organizará una legión de asesinos profesionales que se infiltrarán
en la sociedad y el Estado musulmán para apoderarse de los resortes del poder,
castigando a todos aquellos que se les opongan.
Su
nombre de "asesinos" procede del nombre despectivo que se les daba en
el mundo musulmán, conocidos como "Hashshasins", porque para cometer
sus crímenes se drogaban con Hashish (hachis), de donde proviene el nombre
castellano de "asesino".
Sus
enfrentamientos eran más intensos si cabe con el resto de los musulmanes que
con los propios Cruzados, por lo que, al final, acabaron participando en las
batallas entre árabes y Cruzados del lado de estos últimos.
La
suerte de los "asesinos" está ligada a la historia general del mundo
árabe y musulmán, y serán erradicados con la llegada a Oriente Medio de nuevos
pueblos invasores desde el este.
Una
nueva secta de "asesinos" profesionales en nombre del Islam nació en
la década de 1980, cuando la resistencia islámica afgana empezó a reclutar
combatientes en el mundo musulmán, con ayuda de EE.UU. De esta forma, se organizó
una empresa internacional paramilitar para sostener el esfuerzo guerrillero en
Afganistán, que gestionaba la financiación, la contratación de mercenarios y el
patrocinio de la red paramilitar en todo el mundo.
En
este esfuerzo empezaron a destacar los aportes económicos y humanos de los saudíes,
que entraron a formar parte de la cúpula directiva de la organización
paramilitar que actuaba entre Afganistán y Paquistán, y que tenía
ramificaciones en casi todo el mundo musulmán.
El
ideal de la "revolución musulmana" empezó a sustituir al ideal
panarabista, laico y socialista, y la modernidad empezó a verse como un
sospechoso agente de la injerencia Occidental. La interpretación más sectaria y
dogmática del Islam gano adeptos entre quienes participaban en la "guerra
santa afgana", y se fue extendiendo progresivamente por todo el mundo
árabe y musulmán.
Mientras,
EE.UU. utilizaba en provecho propio esta red paramilitar islamista, reforzando
su alianza con Arabia Saudí y el resto de Monarquías del Golfo Pérsico, y
aislando a los elementos progresistas y laicos del mundo árabe.
Con
el derrumbe del campo socialista, EE.UU. reutilizó esta red para destruir
Yugoslavia, y sembrar la guerra y las querellas territoriales en las
ex-repúblicas soviéticas.
Por
último, a partir de 2001, la red fue nuevamente activada para generar un estado
de pánico internacional, restringir libertades, y extender la injerencia y la
guerra en los países árabes.
Una
nueva secta de asesinos profesionales, basada en el integrismo musulmán, se ha
creado, una secta instrumentalizada y manejada a conveniencia por Occidente, y
que tampoco duda en ponerse al servicio de Occidente cuando coincide con él en
los objetivos tácticos y estratégicos.
Si
la antigua secta de los “asesinos” infundía pánico y terror por sus atentados
indiscriminados y a plena luz del día, la nueva secta de asesinos integristas
emplea los más sofisticados medios de destrucción, gracias a su colaboración encubierta
con EE.UU., y mediante la sectarización y el lavado de cerebro de sus miembros,
muchas veces reclutados entre los sectores más pobres e incultos del mundo
árabe y musulmán.
La
antigua secta de los “asesinos” pretendía restaurar el califato chiita en el
mundo musulmán. La nueva secta de los asesinos pretende instaurar un califato
musulmán universal, convirtiendo a todo el mundo al Islam, ya sea por el
convencimiento o por la obligación. Niegan a cualquier otra fe o religión el
derecho a existir, y para los no creyentes en el Islam que profesan quedan sólo
dos alternativas, la conversión o la muerte.
Es
una nueva interpretación del Islam terrorífica y aterrorizante, que tampoco
escatima represalias contra los dirigentes musulmanes que crean que les han
abandonado, o contra los antiguos aliados occidentales. Y que hace tabla rasa
de 200 años de Historia y de progreso en el reconocimiento de los derechos
sociales, económicos y políticos de la Humanidad.
Para
ellos, la única comunidad verdadera es la del Profeta y sus seguidores al
comienzo del Islam, y todo lo demás son mediaciones y desviaciones hasta la
restauración de esa comunidad original del Islam.
No
hará falta decir que, las coincidencias de este “movimiento” integrista con el
nazi-fascismo o con el terrorismo practicado por algunos grupos en la historia
moderna saltan a la vista, y también su fácil manipulación por los poderes
fácticos del Estado capitalista en su fase de degeneración imperialista, hasta
el punto de constituirse en piezas de diseño ideológico y político que, en
última instancia, sirven a sus intereses opresivos y explotadores.
No
a la Guerra Imperialista,
(a partir de “Las Cruzadas vistas por los árabes”, de
Amin Maalouf)

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